viernes, 18 de marzo de 2016

Klassenraum

Heute in Klassenraum: te vi, sólo por lo que dura un parpadeo, lo que tarda el cerebro en darse cuenta de que es una ilusión, pero que después de cobrar conciencia decide regresar a ella para no aceptar la desolación. Te vi en quien menos esperaba.

Y aún así tu visión perfecta generada por mi, me hizo sentir el desierto que abrasa y se lleva todo a su paso, ese que duerme dentro. Me hizo sentir el aplastante calor de la primavera que pugna por salir en un lugar cuadradamente ordenado, blanco, inmenso, elegante pero desconocido.

No es sencillo describirlo, porque es un golpe del que no me puedo reponer y tengo que venir a escribir para intentar seguir, porque pasa el tiempo y siempre vienes a mi en los momentos más inesperados, en los lugares menos familiares y en las personas que mi conciencia busca alejar.

Hay momentos en los que el enojo y la desesperanza de la realidad me consumen: si tan sólo vivieras tu el mismo infierno que yo, el mismo objetivo que parece inalcanzable, el mismo cielo azul profundo de la inmensidad, entonces al menos eso nos uniría.

Pero no, la vida decide que vivas otro infierno distinto al mio, otro donde la injusticia no hace que me añores como yo a ti, otro en el que ni siquiera existo.

Tal vez a estas alturas de lo irrealizable, lo único que puedo pedir y esperar, para obtener la más mínima gota de consuelo en el desierto, es que vivas tu infierno con la misma intensidad con la que yo sobrevivo al mío cada día...

miércoles, 9 de marzo de 2016

Vacaciones

No siempre fue así de cansado. A veces es mucho más estresante que ir a trabajar, que morir lentamente en la rutina. No es agradable tener sueños aspiracionales para que luego sean asesinados lentamente, un tanto por mi, un mucho por es otro.
No siempre es malo, pero hay momentos cumbre de hartazgo: cuando todo está en calma...

lunes, 7 de diciembre de 2015

Explosión de colores

Hoy al ir a comprar un dulce a la tienda había un viejito con una canasta en el piso. El viejito un poco encorvado.

Es cuando brinca en mi esa onda comunista, como le dicen. Esa que cree en lo que don V una vez dijo: otro mundo es posible. Esa donde en lugar de comprar un gansito o un chicle es más importante ayudar cuando se pueda. Le dije a M: en lugar de comprar acá ahorita que salga el viejito le compramos un arroz con leche.

Salimos detrás de el y le preguntó: ¿a cómo son? Y dice que a 13. Le pedimos 2, pero no tiene cambio. Entonces también M tiene su vena comunista, aunque lo niegue y pide 3. Y entonces ese otro mundo no sólo es posible, sino total y absolutamente real.  Ese mundo dura lo que te tardas en comprar un arroz con leche a un viejito, dura un parpadeo.

La esperanza, la lucha, es porque un día no dure un instante, sino que se expanda tanto que lo abarque todo. Hasta el punto en el que la vida vuelva a tener colores.

Tomamos 3 vasitos de arroz con leche de la canasta y el viejito nos dice: ese es de premio, ese es de premio porque me compraron más. Yo no lo veo, pero uno de ellos es más grande que los otros 2. Y entonces ya somos 3 en un momento en el que el tiempo se detiene y se abren los colores.

Intento devolverlo a la canasta. Pero me dice: así déjelo, así déjelo. En ese momento dar gracias no es suficiente. Y la felicidad, tristeza y enojo se mezclan desbordándose, gritando lo que es real.

Y entonces haber venido hasta acá ha válido la pena.