Gracias por todo este tiempo que has sido basura conmigo, porque gracias a eso soy más fuerte que tú y tu careta falsa de que no pasa nada. Yo pregunto: como te sientes de verme enojada y llorando y tú respondes que bien. ¿Qué clase de persona hace eso? Una que es miserable y que quiere hacer sentir igual al otro. ¿Qué clase de promesa es: lo voy a dejar de hacer y en menos de 3 semanas ya está ahí otra vez? Gracias por no sentir culpa ni empatía, por hacerme sentir ridícula y fuera de lugar. Porque en una discusión real hay enojo y ofensas, pero también hay arrepentimiento y perdón. Esos últimos 2, nunca han llegado por más que he esperado. ¿De qué me sirve llorar y ser sensible? Sólo da pie a que me trates mal, a que te burles de mi, a que aumente tu coraje. Y eso pasa, tal vez, porque me tienes envidia, porque nunca vas a poder sentir con la intensidad que yo siento, porque nunca vas a dejar que nadie te conozca lo suficiente como para poder lastimarte. Eso sólo me da lástima, aunque ya sé que no la quieres y no me la estás pidiendo. Así de cruel eres.
A contre courant: todo el tiempo es tan racional, todo es tan frio y calculado, todo esta tan mecanizado, el circulo es estrecho. Aca pequeño ejercicio de autoexorcismo, intento por ser yo misma a través del espejo, por sacar lo que rara vez sale, por sentir lo que a veces no se quiere, observar con detalle lo que se ignora. Lado sentimental
martes, 27 de marzo de 2018
domingo, 5 de noviembre de 2017
No retorno
Encontrarte en la calle, esa que tantas veces nos vio cruzar caminos. Por fin te armas de valor y me saludas, algo en ti ha cambiado: estás por fin decidido a avanzar sin pensar en las consecuencias. Entrar a la tienda y pedir un chocolate, de esos que son para niños y vienen en envoltura de colores, pagar y ver cómo estás nervioso. Salir a la calle y tú bajar de la banqueta. Caminamos un poco de regreso, solo hasta donde yo quedo un poquito más alta que tú. Sonreír y comer el chocolate, lentamente: es dulce, un poco pequeño, pero con un sabor marcado. En todo ese tiempo no dejamos de mirarnos a los ojos. Las miradas dicen tanto en tan poco tiempo. Tus ojos brillan y las pupilas se dilatan. Intuyo que es lo que quieres, así que lentamente levanto mis brazos hasta rodear tu cuello y acercarnos más. No hay rechazo de tu parte, se acelera tu respiración y entreabres la boca. Yo, volteo a verla por una fracción de segundo y después vuelvo a tus ojos. Veo las ganas, la expectativa, la confirmación para por fin, después de toda una vida, poder besarnos. La calle está sola, no hay nadie y no lo ha habido en esta pequeña eternidad que nos aísla para poder hacerlo. Así que lo hago. Siento tus labios, suaves, carnosos, pero inexpertos. Yo sólo hago lo que se hacer con los míos. Eso abre todos tus sentidos e instintos dormidos. Eres como una flor que ha estado dormida y que por fin que abre en botón. Eso me gusta y sorprende al mismo tiempo. El beso no dura tanto y no es tan pecaminoso como yo hubiera querido. Vienen señoras caminando por la calle, las escucho, así que nos separamos y fingimos la plática, aunque tú algo rígido por lo que acaba de suceder. Yo volteó a verlas y recibo miradas incriminatorias: todos conocen tu condición, ella se ha ido. Así que me encaminas a la parada del camión y nos separamos sin decir nada.
-*-
Voy caminando por el pasillo y te veo en bata en tu cuarto. Junto a ti esta un pequeño de los 2 que tuviste con ella. Está despierto y sale hacia el baño. Entro con cualquier pretexto tonto y cierro la puerta. Todos los demás en la casa están en la planta baja y además, ocupados. Te recorro con la mirada y te pido permiso para decirte algo. Sólo asientes con la mirada. Entonces te indico que te sientes en la orilla de la cama y empujo suavemente tu torso hacia atrás, hasta que quedas recostado. Me subo sobre ti, a horcajadas. Siento como tu cuerpo se tensa, como todos tus sentidos están alerta, veo tus pupilas dilatarse, tu boca entreabierta y la respiración entrecortada. Yo me inclino para hablarte bajito mientras miro tu cara, pero antes de pronunciar cualquier palabra, te me adelantas: estoy a tu voluntad, haz conmigo lo que quieras...
Ha sucedido, por fin, después de un cuarto de siglo esperando.
domingo, 28 de mayo de 2017
Pensamientos
Exactamente no recuerdo cuáles son los 4 pasos. El primero era, no lo pienses, el segundo, cállate, el tercero, házlo. Pero el cuarto no lo recuerdo, supongo que entonces habrás llegado a la meta: ser feliz.
Exactamente no sé en qué momento se perdió la mía, no sé si fue cuando ella se fue, no sé si fue cuando él me traicionó. Tampoco estoy segura si fue cuando me fueron de casa o cuando me di cuenta de que tenía depresión.
Volver a sonreír con esa facilidad de antes es casi imposible, cuesta trabajo soltarse y dejarse llevar.
Será porque siempre hago las mismas cosas y espero distintos resultados. Hoy ya no más. Si quiero volver a sonreír y ser feliz, tengo que romperme a mi misma y cambiar.
En estos 8 años me he dado cuenta de que él no se va a convertir en lo que yo quiero, y hoy en la crisis, ni siquiera sé si alguien será capaz de acercarse a lo que quiero. También me he dado cuenta de que he ido ocultando pequeños trozos de mi por el camino para intentar seguir.
Pero si algo bueno ha traído la crisis es eso: darme cuenta de que estoy llegando a mi límite de flexibilidad. De que lo que suceda a partir de este punto puede salvar lo que tenemos o bien, terminará por romperse. Secretamente espero que se salve, eso dice el corazón. Pero la razón se impone aplastante: esta vez yo no buscaré la conciliación, esta vez esperaré, con paciencia no infinita, a que mi contraparte se acerque a solucionar, si es que le interesa.
Mi amiga más cercana me lo ha dicho como debía ser: frío y directo. Justo para evitar mis mil tontas vueltas a algo que tal vez sólo yo, me empeño en conservar.
Leí una cita que dice: detrás de una mujer loca hay un hombre que la hizo así. Al verla una infinita tristeza se hizo presente. Pero después surgió algo que no creí tener dentro de mi: la no resignación. Si ese es el destino histórico, cultural y social que me espera, entonces no lo quiero.
Quiero más que eso: quiero una pareja estable, quiero hijos aunque muera de miedo al pensarlos aún en abstracto, quiero seguir trabajando, una casa, una camioneta y un perro.
Vuelvo entonces a mi punto de partida: debe haber alguien en el mundo, además de mi, que me ame tal y como soy.