jueves, 19 de enero de 2017

Prisión

Hay reos que cuentan los días, hacen marcas en la pared, para saber de alguna manera que un día es distinto al otro.

Yo aún me niego a pesar que estoy en una cárcel, aunque los hechos dicen lo contrario, aunque mi realidad sea distinta a lo que mi fantasía alguna vez fue.

Se supone que debo resignarme, pero hay una fuerza dentro de mi que dice que no debo aceptar las cosas como son e intentar la libertad, aún a costa de abandonar un viaje que parecía prometedor.

También se supone que hay un mejor futuro esperando a que yo salte y me aferre a él. Lo más importante y difícil es: ¿cómo ir del abstracto donde lo pienso al concreto donde lo hago, sin morir intentando?

Vejez

Aún no se pierde funcionalidad, pero hay varias cosas que no tienen vuelta atrás. Aún se puede decir que hay juventud, pero ya hay cambios y cosas que pesan. No es sólo físico, también es emocional y mental y eso afecta aún más.

Exactamente no te das cuenta de cuando sucede, porque es algo que va destiñiendo con la lavada. Lo que si puedes ver es a aquellos que se niegan a envejecer y que en el intento son apabullados por la vida, por los anhelos y por lo que pierden en el camino. No siempre se puede ganar, en esta carrera al menos no. Se supone que debe crecer la ingeligencia, la sabiduría y otras cosas. La verdad es que no siempre sucede así. 

En un parpadeo han pasado 10 años, se han ido muchas cosas, lugares y personas, también han llegado otros: el cambio constante de la vida. 

Mi negación tiene que ver con no aceptar lo que la sociedad impone, con lo que se supone que debo tener y hacer a esta edad. Justo ahí está mi punto de rebeldía, justo ahí es donde no envejezco. Físicamente puede que haya cambios, pero emocionalmente hay una parte que se niega a perderse en el tiempo. Esa pequeña partecita es lo que me mantendrá joven, ya no en apariencia, si no en el alma: es seguir buscándote a través del tiempo y la distancia.

martes, 6 de septiembre de 2016

En sueños

Siempre vienes a mi en sueños. Algunas veces es tan real que puedo tocarte, olerte, mirarte tan de cerca que puedo ver mi reflejo en tus ojos, otras veces sólo es tu esencia, una leve y fugaz mirada, el rastro residual de tu perfume.

Cuando es ligera tu presencia, resulta aún más profundo lo que siento y pienso. La desesperación por alcanzarte es aún mayor y el despertar aún más crudo, porque queda la insatisfacción de no haber cruzado caminos, de no haberte visto y no haberte tocado.

A veces eres tú cómo mi ideal a lograr, otras eres tú representado por lo terrenal, real e imperfecto, otras es tu perfume, otras el sólo sentir las notas de salida de tu presencia. Sin embargo, así sea un sueño en sepia, a todo color vibrante o en blanco y negro vienes a mi, no por capricho, no porque te quieras imponer, sino porque yo te evoco, te invoco e impongo tu presencia aquí conmigo.

A veces se siente como toda una vida, otras son sólo cinco minutos a tu lado. Eres el sueño, el anhelo que se escapa de mis manos, aquel que por más que intento detener, se desliza como el tiempo, como el agua entre las rocas o como la arena del desierto entre mis manos.

¿Cuánto tiempo más se puede seguir así? Es un laberinto sin salida, con matices de colores y variada iluminación, donde yo me encuentro, siempre pensado que mi llave para salir eres tú.

Cuando pienso que ya he salido, regresas a mi traído por mi subconsciente en las formas más peligrosas: un pecaminoso helado de chocolate, un oso de peluche barato, un troglodita ingeniero que tiene detalles con su pareja... Y tal vez la más peligrosa de todas: mi propia mirada gritando a mi reflejo en el espejo que no estás aquí, que aún no estamos juntos.

La desesperanza tiene su contraparte que se niega a morir.